domingo, 3 de agosto de 2014

Miguelina del Carmen Valdebenito Lazo.

I

No me mires ni me digas que no existe el amor verdadero,
yo soy testigo de que cambia el mundo y que es una revolución,
que revuelve,
revuela y
evoluciona a los que pueden ser parte de tamaña bendición.

Y es que conecta con la vida lo que ha muerto varias veces,
y a quienes han muerto en su pasado aunque siguen en el presente.

Soy testigo de la mirada que se suaviza cuando aprende a ser amada,
de la transición -de unos ojos duros a unos ojos dulces- como solo endulza quien exhala amor.

No me digas que no se puede torcer la mano de la oscuridad que acecha,
ni que la luz no se cuela entre cualquier rendija para hacer brotar la sabiduría vital del alma.

El cansancio se lleva al cuerpo pero jamás la trascendencia de la vida,
los aprendizajes y moralejas de quien habla desde el hacer,
quien habla con un gesto,
una caricia,
una mirada que acoge,
una mano siempre dispuesta a tomar la tuya
cuando te pierdes en un sendero de extraños.

Las palabras se las lleva el viento cuando son vacías,
pero las  acciones quedan grabadas a fuego en
los nuevos que estamos en nuestro torpe caminar.

La savia de un árbol ha desbordado a sus frutos de dolor,
pero sus raíces se profundizan
en la añoranza y agradecimiento,

sólo por pertenecer,

sólo por ser parte de él...

II

Los vacíos que se colman con la ausencia,
desesperan el pecho que habitan,
reviven en  los recuerdos cada palabra dicha al azar,
y es que no quiere olvidarlas,
anhela traerlas al presente,
una y otra vez
ordenando y uniendo conversaciones,
con el tono de voz,
con el rostro y su expresión.

Y es que los días y semanas nos cuentan que
esas palabras no fueron accidentales,
no fueron por casualidad.

Fueron parte de una ronda de despedidas.

Cada una distinta,
cada una como única,
cada una en cada uno,
como cada cual necesitaba.



III

Mis manos tropiezan entre las letras,
porque no alcanzan a dar forma a las emociones
que cruzan de un lado a otro.-
Le piden al pensamiento que espere y resguarde,
y sólo el tiempo le va enseñando el como.

Weli;
Un gracias por todo, queda pequeño ante su humildad,
un perdóname queda pequeño ante su simpleza,
y es que desde siempre fue la brújula que direcciona la vida.

Y ahora es necesario seguir esa ruta,
que a punta de esfuerzo, lucha, nobleza y silencio usted marcó.

El corazón se siente huérfano,
y está desorientado,
los ojos no saben hacia dónde mirar,
pero  se ampara y refugia en esa tenacidad ante lo adverso que usted
tantas veces traspasó.

No fui la primera,
ni la que más estuvo acompañando sus días y noches,
no fui muchas cosas que otros sí...
sólo traté de hacer lo mejor sin embromar en hacerlo.

Sólo quise besar su frente una última vez
para comenzar la despedida.

Una despedida que resuena en los segundos de mi reloj,
que busca en los ecos las sonrisas,
que busca en los ecos su dureza y sus caricias.

De niña a mujer ante sus ojos,
como niña,
usted me dio la bienvenida al mundo entre sus brazos,
un recibimiento a mi nacimiento.
como mujer,
le doy una despedida del mundo entre mis brazos,


-Un adiós a su nacimiento.-













viernes, 1 de agosto de 2014

1

“Me niego a someterme al miedo que aleja la alegría de mi libertad,
que no me deja arriesgar nada, que me torna pequeño y mezquino,
que me amarra, que no me deja ser directo y franco, que me persigue,
que ocupa negativamente mi imaginación, que siempre pinta visiones sombrías.” R.S

lunes, 14 de julio de 2014

Cápsula de muerte.

Cuando se pierden las palabras y las letras,
cuando el centro se extingue recordando los recuerdos,
cuando la presencia se difumina en lo que fue y se pierde en lo que será,
es cuando el dolor se hace tan presente que olvidas cómo seguir.

Siempre pensé en un momento, y cada vez que lo hacía
me reconfortaba diciendo que sólo eran miedos,
que no pasaba lo que temía y secaba las lágrimas que asomaban.

Y ahora que es, sólo actué, sólo hice, sólo asumí tareas para evitar sentir.

Postergué tanto mi llanto por lo que se movía a mi alrededor,
que ahora...
que quiero botar lo contenido,

mis ojos están sellados.


Mi pecho se acostumbró en tres días a vivir cerrado, como jamás fue,
y ahora parece resignado.

Me siento dura, rígida ante las sonrisas, y falsa a mis propios sentimientos.

Aprendí a actuar mi sanidad, y ocupé todas las artimañas que pueden existir para
que mis lágrimas no profundizaran los gemidos de quienes están a mi lado.

Olvidé la vida y en mi mente sólo ocupa espacio una parte de la muerte,
imágenes que no habría querido tener conmigo, y que reemplazan momentos que quisiera traer al presente,
no puedo revivirlos, y me duele...
me atormenta éste vacío.

CONFESIÓN

 El 2022 fue un año de revelaciones. Principalmente a mi mundo interno fueron otorgadas respuestas que desde temprana edad me fueron vedadas...